El (presunto) bluff de las blogueras

In Prensa & PR by Aureli VázquezLeave a Comment

Con las blogueras (sí, en femenino) ocurre como con la física cuántica: es un misterio del que todo el mundo habla, pero que casi nadie aborda en serio. Me refiero a los blogs de moda, tendencias, productos infantiles, cosmética, perfumería y un largo etcétera. Hace ya algunos años que en el mundillo de las agencias se pronostica su fin. Muchos usan la palabra bluff. “Esto es una moda que durará cuatro días”, venimos oyendo desde que surgieron los primeros blogs. Pero, ¿sabéis qué os digo? Que llegar a miles de potenciales compradoras a través de unas pocas blogueras es algo fantástico.

Entonces, ¿qué pasa? Pues pasa que no podemos poner a todas las blogueras en el mismo saco. Y que para las agencias de publicidad y medios es un coñazo planificar una acción de comunicación diferenciada para ellas, sobre todo cuando hay que tratar con alguna diva (las hay, claro, como hay periodistas divas, ingenieras divinas y abogadas de la muerte).

Pero quizá la clave de todo el meollo está en la medición. ¿Medición de qué? De dos cosas importantísimas: la primera, la audiencia (real) que tiene cada una de ellas. Y la segunda, el valor económico de esa inserción publicitaria (algunas blogueras prefieren el eufemismo de ‘acción de comunicación’, que suena mucho más trendy).

Conozco algunos casos de blogs realmente llamativos. Contenidos extremadamente cuidados que ya querrían para sí algunos grandes diarios, combinados con audiencias importantes y, aún mejor, muy segmentadas. Y además, bien orientadas en redes sociales y con newsletters semanales. Una golosina para cualquier agencia. Echad un vistazo a blogs como Blogmodabebe.com o Barcelonette.net, por citar sólo un par.

Sería genial que esas mismas blogueras ofrecieran tarifas y paquetes comerciales claros, que no exigieran largas e improductivas negociaciones personales. El problema es que muchas de estas blogueras tienen poca o nula vision comercial, lo que obliga a iniciar una negociación desde cero con cada una de ellas.

A esto se añade un asunto aún más delicado: es sabido por todos que “los blogueros no se venden”, porque ellos (y ellas) se deben a sus lectoras (perdonadme el sarcasmo; sé que hay much@s bloguer@s humildes e igualmente rigurosos con su trabajo). Pero, oh paradoja, resulta que las blogueras se quejan de que no pueden vivir de lo que hacen. De que no se valora su trabajo.

Sería realmente interesante que las blogueras dijeran abiertamente a sus lectoras: “hacer contenidos de calidad me exige tiempo, y eso significa que debo cobrar. Así que de vez en cuando os voy a enviar algunos mensajes publicitarios y tal vez coloque algún botón publicitario por aquí. A lo mejor hasta os interesan. Por lo demás, seguiré fiel a mis contenidos”. No creo que para admitir eso sea necesario mantener una larga sesión filosófica sobre los principios éticos del incorruptible bloguero. Porque, precisamente gracias a esos ingresos, podrá seguir dando mucha información útil, verídica y rigurosa a sus lectoras.

Y aquí se abre el otro capítulo, que tiene mucha miga y que merecería otro artículo. Veréis: en algún momento, alguien pensó que las blogueras no debían cobrar. Nunca. Claro, es mucho mejor enviarles ‘regalos’ para que los ‘testeen’ y publiquen elogios fenomenales sobre las virtudes de esos productos (gratis, por supuesto).

En cierta ocasión me contaba una bloguera el “trato” que le había propuesto una potente marca comercial: “tú habla de nuestros productos, y a cambio recibirás visitas de nuestros clientes en tu blog”. Ignoro la respuesta que le dio la bloguera, pero a mí se me hubieran ocurrido unas cuantas.

Al final, el origen de este disparate es el mismo: es necesario que haya una oferta clara y accesible por parte de las blogueras, pero a la vez urge empezar a respetar su trabajo. Y si no lo respetamos, mejor lo dejamos estar. Total, es un ‘bluff’, ¿no?

Aureli VázquezEl (presunto) bluff de las blogueras

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