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Ética en la comunicación corporativa

In Prensa & PR by Aureli VázquezLeave a Comment

Marc de Semir, Director de Comunicación Corporativa Universitat de Vic-UCC

Hace unos días tuve la oportunidad de participar en un seminario organizado por la Fundació Víctor Grífols i Lucas, con la colaboración del Máster de Comunicación Científica del IDEC-UPF, que reunió a un grupo multisectorial de expertos en comunicación del ámbito sanitario público y privado, para debatir sobre la ética de la comunicación corporativa e institucional del sector salud. La voluntad de la jornada era reflexionar sobre el papel que juega cada uno de los agentes involucrados en el proceso comunicativo para ayudar a la ciudadanía a estar mejor informada sobre los aspectos referentes a la salud y la atención sanitaria. Los expertos que participamos en el encuentro pusieron especial acento en la importancia de tener en cuenta la ética e incorporarla, como un pilar fundamental, en el plan de comunicación de las corporaciones. Quería compartir en este artículo algunas reflexiones surgidas en la jornada y fruto de la ponencia que presenté sobre el componente intrínseco de la ética en la actividad de los dircom en el ámbito de la salud.

La primera idea es destacar la importancia de transmitir la información sanitaria de manera transparente, veraz y creíble para generar confianza y establecer una relación más positiva con los stakeholders. No olvidemos que este concepto de la transparencia es una de las bases de todas las consideraciones éticas. En este punto conviene recordar que en nuestro país existe una gran tradición de comunicación en salud e investigación para dar a conocer, entre otros, las novedades médicas y quirúrgicas de nuestros hospitales y centros sanitarios retornando a la sociedad en forma de información y transparencia aquello que ha dado en forma de impuestos. La industria farmacéutica también ha tenido un papel destacado poniendo de relieve las investigaciones en nuevos fármacos y terapias. Además los diferentes gobiernos estatales y autonómicos vienen haciendo grandes esfuerzos para explicar a la ciudadanía sus apuestas estratégicas en política sanitaria. Tradicionalmente se ha venido desarrollando con mucho criterio y en pocas ocasiones hemos tenido que lamentar situaciones controvertidas en relación con la ética como nos encargamos de comprobar en la Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS). Desgraciadamente, en los últimos años, con los recortes debidos a la crisis, se está produciendo un gran retroceso en la apuesta por la comunicación institucional que se traduce en la reducción de personal y en un cierto incremento de la opacidad siguiendo la máxima de mejor que no se hable de nosotros por si acaso. También la ya tradicionalmente difusa línea entre información y publicidad es cada vez más tenue.

En este sentido, entrando en una segunda reflexión, la calidad de la información está relacionada con la profesionalidad, la cual puede definirse a partir de los conocimientos y las destrezas, el sentido ético y la corresponsabilidad de velar por la competencia propia y de los colegas. La profesionalidad se manifiesta en un entorno solidario, sensible a las necesidades de los demás y respetuoso con los valores de las personas. Deberíamos poder trabajar un Libro blanco, para emprender líneas de trabajo y de colaboración con los medios de comunicación y las profesiones sanitarias para mantener la calidad de la información que se transmite al ciudadano en relación con la salud y los servicios. Hay que considerar la importancia de la profesionalidad como requisito indispensable de una buena práctica informativa. Esta exigencia comporta el compromiso de adquirir una formación específica que capacite a los profesionales para llevar a cabo de manera competente la tarea informativa. También supone incorporar el hábito de buscar el asesoramiento necesario para dar la información de manera correcta y evitar crear falsas expectativas de eficacia terapéutica o dar lugar a situaciones inmotivadas de alarma social.

También destacar la importancia de las direcciones de comunicación, especialmente en tiempos de crisis, ya que durante estos periodos se tiende a relegar la ética deontológica a un segundo o tercer plano cuando debería ser a la inversa. Además, se debería profesionalizar la ética tanto en el ámbito docente como en la práctica, en el día a día, y deberíamos trabajar todos para recuperar la confianza y credibilidad entre medios de comunicación, comunicadores y el público en general. Finalmente, me gustaría compartir la idea de introducir el concepto “health literacy” en el ámbito de la comunicación corporativa, una especie de alfabetización en salud para facilitar y dar las herramientas necesarias a la sociedad para tener mayor conocimiento y poder entender con mayor claridad los procesos sanitarios.

Aureli VázquezÉtica en la comunicación corporativa

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