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Periodismo, datos, objetividad y otras mentiras

In Prensa & PR by Aureli VázquezLeave a Comment

Por Aureli Vázquez, periodista.

“Destruimos datos. Generamos confianza”. He leído este eslogan en una furgoneta que circulaba por la autopista. Obviamente, se trataba de una empresa especializada en destrucción de documentos, pero inevitablemente me ha hecho pensar en algo que ya hace meses que me ronda por la cabeza: el (triste) tratamiento que sufren los datos en los medios de comunicación, y la (no menos triste) credibilidad que concedemos a las cifras por el mero hecho de serlo. Lo peor es que quien suscribe esta opinión es alguien que trabaja en una agencia de comunicación, y que tal vez debería alegrarse de que así fueran las cosas. Pero no.

Me refiero con esto a la infinita lista de presuntos estudios, informes, estadísticas y otros datos de la índole más diversa que a diario leemos y escuchamos en los medios, y que con su apariencia aséptica y sus gráficos coloreados toman perversamente la forma de verdad incuestionable. ¿Quién va a discutir una noticia sustentada por un estudio? ¡Pero si son datos objetivos! Y aquí, justo aquí, es donde la profesión (y, por extensión, la sociedad) se hace daño.

Todos podemos entender que la publicidad, o incluso un comunicado de prensa, aporten cifras y ‘hechos’ presuntamente contrastados que sostengan la credibilidad de aquello que se comunica (ya sea un producto o una marca). En realidad es lo que razonablemente se espera de uno mismo: que trate de dar la mejor versión de la empresa, institución o producto que defiende. Lo que ya no tiene tanto sentido es que los comunicadores (grandes y pequeños medios, bloggers) reproduzcan literalmente y sin ningún filtro estos ‘fragmentos de realidad pre-cocinados y diseñados para ‘parecer verdad’.

¿Cuántas personas han participado en un estudio? ¿Qué metodología se ha empleado para elaborarlo? ¿De qué fuente procede? ¿En qué fecha se realizó? Son preguntas obvias, que cualquier periodista debería hacer a la empresa, institución o agencia de comunicación que emite esa información. En mi trabajo diario trato a menudo con datos de todo tipo facilitados por las empresas. Algunos son extremadamente rigurosos. Otros son realmente débiles (por ejemplo, porque aun siendo ciertos correspondan al resultado de unas pocas encuestas). Cuando me consta que los datos son falsos, me niego a comunicarlo (no pretendo con esto dar lecciones de ética; en realidad lo hago por egoísmo, para protegerme a mí mismo y a quienes trabajan conmigo). Vaya por delante que un servidor ha cometido todo tipo de torpezas publicando informaciones y pseudoinformaciones, así que no me queda más remedio que incluirme en la lista de quienes hemos contribuido a contaminar, con o sin intención. Mea culpa.

En ocasiones, después de enviar a los medios un comunicado que contenga datos, algún periodista nos llama para contrastar los datos, o para saber más sobre esa encuesta. Cuando esto ocurre, me alegro sinceramente. Tal vez esa llamada frene la publicación de un dato de interés para mis clientes, pero creo que hablo por todo mi equipo si digo que esos llamadas (pocas, muy pocas) nos aportan un poco de esperanza sobre esta profesión mutante y extraña, quién sabe si en extinción, que se llama ‘periodismo’.

He rescatado un artículo de una autora muy citada en las facultades de Periodismo, la profesora Gaye Tuchman. Se titula La objetividad como ritual estratégico: un análisis de las nociones de objetividad de los periodistas, y dice verdades como puños. Os recomiendo su lectura tanto si sois periodistas como si no lo sois. Sostiene Tuchman que, para los periodistas, “el término ‘objetividad’ se alza como un rompeolas entre ellos mismos y las críticas. Cuando se les ataca porque han hecho una presentación de ‘los hechos’ controvertida, los periodistas invocan su objetividad casi del mismo modo en que un campesino mediterráneo se cuelga una ristra de ajos del cuello para ahuyentar a los malos espíritus”.

Tuchman es conocida entre otras cosas por su visión crítica de los famosos entrecomillados periodísticos. También en este punto pone el dedo en la llaga, creo yo. “Los periodistas ven las citas de la opinión de otras personas como una forma de evidencia sustentadora. Al intercalar la opinión de alguien más, creen que se alejan ellos mismos de la participación en la historia, y con ello dejan que los ‘hechos’ hablen”.

Lamentablemente, todo este circo de datos, estudios, informes e intereses creados forma parte de ese ente etéreo llamado ‘statu quo’. Los periodistas no siempre tienen el tiempo necesario para contrastar todo lo que publican. Esto me conduce a la conclusión de que el principal activo de los grandes medios de siempre -la veracidad- está en franca decadencia, y que tal vez por eso se multiplican los pequeños medios especializados, mucho más pobres pero también mucho más libres. Son ellos quienes proyectan una brizna de autenticidad. Y tal vez haya mucho de esto en la llamada ‘crisis de modelo’, excelente eufemismo para definir que no tenemos ni idea de hacia dónde va la profesión, porque seguramente nos la estamos cargando día a día y a conciencia.

En cualquier caso, a los que de una forma u otra trabajamos con la información, no nos iría mal una cura de humildad, una cura contra el corporativismo de la profesión y un poquito de reflexión. ¿Os imagináis que entre todos -empresas, periodistas & bloggers, agencias de comunicación- fuera posible tirar adelante con informaciones veraces, datos contrastados y fiables? Soñar es gratis.

 

Aureli VázquezPeriodismo, datos, objetividad y otras mentiras

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